Nuestro Padre de Familias vuelve a las calles de Montilla en una de las citas más singulares de septiembre
El crucificado del convento de Santa Clara culminará este fin de semana sus cultos con la salida procesional por el entorno del monasterio.
El mes de septiembre se viven en Montilla los cultos en honor a Nuestro Padre de Familias, la venerada imagen que custodian las madres clarisas en el Monasterio de Santa Clara y que, con motivo de su festividad, abandona temporalmente la clausura para acercarse a sus devotos.
Los cultos dieron comienzo el pasado 6 de septiembre, con el traslado de la imagen desde su ubicación habitual hasta la iglesia conventual, donde permanece expuesta durante estas jornadas. De este modo, el Cristo se encuentra estos días más próximo a sus devotos con motivo de una celebración que cada año vuelve a poner de manifiesto el arraigo de esta particular devoción en la ciudad.
En la noche de hoy, sábado, Nuestro Padre de Familias recorrerá las calles de Montilla en su salida procesional a partir de las 21.15h en torno a Santa Clara, siguiendo por las calles Santa Clara, Benedicto XIII, Enfermería, Blanco, Aleluya, Alta y Baja, San Luis, San Juan de Dios, Gran Capitán, Llano de Palacio, Santa Clara y entrada.
La procesión permitirá contemplar al crucificado fuera del espacio de clausura en el que permanece durante buena parte del año. Contará, un año más, con el acompañamiento de la Agrupación Musical La Unión, formación que acompaña al Padre de Familias desde 2022 y que ha consolidado desde entonces su presencia tras el paso del crucificado.
El crucificado del Concilio de Trento
El Padre de Familias es una obra anónima que los estudios sitúan en la segunda mitad del siglo XVI, realizada en pasta de madera policromada. A pesar de sus reducidas dimensiones, la talla destaca por la calidad de su ejecución, especialmente por el tratamiento anatómico y la expresividad del rostro de Cristo.
A ello se suma una peculiar presentación iconográfica, al encontrarse clavado sobre una cruz repujada de plata que descansa, a su vez, sobre otra cruz dorada. Un conjunto que aporta una singularidad añadida a esta representación del Crucificado y que permite apreciar la especial consideración que históricamente ha recibido la imagen. De hecho, documentos antiguos describían al Cristo presentado con brazaletes plateados dispuestos sobre la cruz, un elemento que ya no se conserva y que completaba antiguamente su particular estética.
Su historia está estrechamente vinculada a la comunidad de clarisas de Santa Clara y, particularmente, a sor Ana de la Cruz Ribera, religiosa montillana perteneciente al entorno de los marqueses de Priego. Un documento fechado en 1633 recoge la donación de la imagen a la religiosa por parte de su hermano, fray Payo Afán de Ribera, religioso agustino que desarrolló una importante trayectoria en el Nuevo Mundo.
La tradición ha relacionado además al crucificado con el Concilio de Trento, afirmándose que llegó a presidir algunas de sus sesiones. Sin embargo, esta circunstancia no ha podido ser contrastada documentalmente, tal y como señala la historiadora Elena Bellido Vela en su estudio sobre la capilla del Padre de Familias.
La propia sor Ana de la Cruz mantuvo una especial devoción hacia esta imagen, a la que rezaba durante su enfermedad y que, según sus escritos, llegó a tener frente a su cama. Fue ella misma quien le otorgó la advocación de Padre de Familias, una denominación que terminaría quedando ligada para siempre al crucificado y al propio convento de Santa Clara.
Redacción e imágenes - Álvaro Carrasco
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